OPINIÓN | ¡Oiga, paisano! Mientras unos se la pasan hablando de «progreso» sentados en una oficina con aire acondicionado, la tierrita se nos está quemando. Aquí la cosa es clara y sin anestesia: o repartimos bien el suelo para que la gente trabaje y cuide la vida, o nos preparamos para el entierro de la humanidad. Así de sencillo.
Parece un chiste de mal gusto, pero mientras usted se suda la gota gorda en el cafetal, hay un «huracán de plata» (el capital acumulado) que solo piensa en llenar bolsillos ajenos, aunque eso signifique dejarnos sin agua y sin sombra.
No se deje echar el cuento: la culpa no es de todos
Ya deje de creerse ese cuento de que «la humanidad tiene la culpa». ¿Usted cree que el campesino que siembra su pancoger contamina igual que las grandes industrias que exprimen el planeta? ¡Ni por el berraco!
Lo que dice la Presidencia y la realidad del cambio:
- Igualdad o nada: Si no equilibramos la balanza para que todos tengamos las mismas oportunidades, la naturaleza nos va a terminar de cobrar la factura. La meta es poner la bandera de la vida por encima de cualquier negocio.
- La Reforma Agraria es el «remedio»: Repartir la tierra no es solo justicia para el que no tiene; es la única forma de enfriar este tierrero. Si el campo produce vida, el planeta respira.
- Hablemos entre todos: No podemos seguir cada uno por su lado. Necesitamos un diálogo de verdad entre todas las culturas para encontrar la salida a este atolladero climático.
¿Y el Huila qué pito toca aquí?
Como nosotros somos los que ponemos la comida en la mesa, tenemos que ser los primeros en entender que la Reforma Agraria es la guía para que el ser humano no se borre del mapa. Menos egoísmo y más tierrita pal’ que la suda.
Es que es de no creer… nos vendieron la idea de que ser ricos era tener cemento por todos lados, y ahora resulta que la salvación está en volver a lo básico: a la tierra, al respeto por el agua y a trabajar juntos. Si no nos igualamos en derechos, la extinción nos va a alcanzar más rápido que un domingo de San Pedro. ¡A despabilar, que el futuro no espera a nadie!


