POR: Redacción TeleOpita
A 30 kilómetros de La Plata, en las montañas del Huila, el Centro Poblado de Monserrate no solo cosecha granos; está cultivando conocimiento. En un nuevo episodio de «Un Tinto con Pinto», conocimos a William Ceballos, un catador Q-Grader que ha convertido su laboratorio en una «escuela de vida» para 94 familias cafeteras.
Más que una tienda, una escuela William, analista de la Asociación Proagromil, lidera una iniciativa que rompe el ciclo tradicional del caficultor. Aquí, el productor no solo entrega su carga; se sienta a catarla. «Iniciamos enseñándoles a hallar las diferencias entre un café comercial y el que ellos mismos producen, que alcanza hasta los 90 puntos en taza», explica William. Esta pedagogía ha permitido que los hijos de los productores se conviertan en baristas y expertos, frenando la migración del campo a la ciudad.
Negociando con «bases sólidas» La asociación ha logrado lo que muchos sueñan: exportar directamente a Estados Unidos (Atlas Coffee). Pero lo más valioso es la autonomía. Gracias a la capacitación, el caficultor de Monserrate ya no va «ciego» al mercado. Ahora tiene argumentos técnicos para defender su precio frente a los compradores. «Ya no negociamos con tiburones desde la debilidad, sino desde la calidad», enfatiza el líder.
Un café con bendición propia El logo de su café lleva la imagen de la Virgen de Monserrate, patrona de la región. Cada saco que sale hacia el exterior lleva consigo la identidad de un pueblo que se niega a ser solo «extractivista» y que invita a los turistas a visitar sus miradores y degustar un capuchino o una limonada de café en el lugar de origen. Disfruta de éste capítulo aquí: