LA PLATA | Lo que pretendía ser un nuevo capítulo de silencio y terror en el Huila, terminó convirtiéndose en una demostración de soberanía y resistencia. La liberación de la senadora y lideresa indígena Aída Marina Quilcué Vivas, tras los hechos que pusieron en riesgo su vida y la de su equipo de seguridad, no fue un gesto de buena voluntad de sus captores, sino el resultado de un cerco humano y militar sin precedentes.
El asedio que los hizo retroceder
Desde el momento en que se conoció el riesgo contra la senadora, la Guardia Indígena activó sus protocolos de defensa territorial, movilizando a cientos de comuneros que, junto al despliegue operativo del Ejército Nacional, cerraron las vías de escape en la zona. La comunidad de La Plata atendió el llamado de alerta, convirtiéndose en miles de ojos y oídos que impidieron que los violentos lograran su cometido de silenciar una de las voces más fuertes de los pueblos originarios.
El pronunciamiento oficial: «No nos callarán»
El Consejo Territorial de Paz, Reconciliación y Convivencia de La Plata, mediante un comunicado oficial emitido este 10 de febrero de 2026, expresó su más profundo rechazo a este ataque. La instancia fue enfática en señalar que:
- Este suceso es una grave vulneración a los derechos humanos y a la democracia en nuestros territorios.
- Existe una preocupación latente frente a cualquier acto que pretenda silenciar los liderazgos sociales y políticos mediante la presión y la violencia.
- Es indispensable que el Estado y la sociedad garanticen el respeto absoluto por la vida de quienes ejercen liderazgo comunitario.

Solidaridad y compromiso
El Consejo reafirmó que «la violencia no puede imponerse sobre la palabra» y renovó su compromiso con la defensa de la dignidad de los pueblos originarios. La liberación de la senadora Quilcué queda marcada como un hito donde la presión social de la comunidad de La Plata y la articulación con las autoridades demostraron que el territorio se respeta.